Rehabilitacion de la Iglesia de la Magdalena

Arquitecto Proyecto: Roberto Rubiolo Pardo
Dirección de Obra: Roberto Rubiolo Pardo, Montserrat Jiménez Martín, aparejadora, Vicente Conteras Sánchez, arqueólogo
Colaboradores: Alfonso Blazquez, ingeniero técnico Industrial, José Antonio Estévez Morales, arqueólogo, Vicente Conteras Sánchez, arqueólogo, Teodora Curiel, aparejadora
Aparejador: Montserrat Jiménez Martín
Otros Consultores: Victor Gibello Bravo, arqueólogo ; Arqueochec S.L., María José Chinchilla, artista
Localización: Rincón de la Magdalena, Plasencia, SPAIN
Fecha: 04/2009
Cliente: Ayuntamiento de Plasencia
Superficie: 350.00m²
Empresa Constructora: Arcoex S.L.

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INTRODUCCIÓN

El deleite de los sentidos en las cosas debidamente proporcionadas y la consideración de éstas como algo semejante a ellos se convierte en uno de los postulados de la estética medieval y también de la moderna. La proporción de las cosas, cuando es adecuada, resulta afín a la capacidad que tiene la vista para captarlas y el oído para oírlas, y provoca el placer estético, quedando la comprensión de éste ligada a una perspectiva gnoseológica. Se trata de proporciones debidas ordenadas, por supuesto, en función de un orden superior previamente establecido.

Ciertamente, las catedrales (no sólo las góticas, sino ya las románicas) abandonan el criterio de la escala humana, puesto que, se convierten en símbolos de algo inconmensurable.

Cualquier forma natural ha de explicarse en primer lugar como una irradiación de la claridad primera, que es la divina. Se trata de una luz divina, de carácter no sensible, pero capaz de irradiar luz a las formas sensibles, permitiendo que éstas sean captadas por el sujeto, que las debe entender como símbolos de la divinidad, gracias precisamente a la luz que reciben.

La sensibilidad estética medieval confluye en términos como conveniencia, la belleza, el decoro, la hermosura y el aspecto agradable y el símbolo.
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JUSTIFICACIÓN Y CRITERIOS DE INTERVENCIÓN

Las razones básicas que justifican este proyecto es el dialogo con las preexistencias históricas, preservando solo la arquitectura de calidad tanto histórica, arquitectónica o etnográfica con la voluntad de introducir una nueva edificación que pueda convivir pacíficamente y con naturalidad con las construcciones existentes, este dialogo se pretende conseguir demoliendo todos aquellos elementos carentes de valor histórico u arquitectónico. Pretendiendo un todo momento que esta estrategia este alejada de la restauración filológica como de la contraposición entre lo viejo y lo nuevo.

Mantener los acabados que se encuentren en buen estado, de manera especial los revestimientos de mortero de cal, limpiando y consolidando las pinturas decorativas.

Reparar los acabados en mal estado diferenciándose de los originales, siguiendo de esta manera las recomendaciones que en materia de rehabilitación se fijan en distintos tratados internacionales.

Las pinturas ornamentales luego de su limpieza y consolidación se han de restituir de manera digital como fase final, mostrando previamente con imágenes el proceso por el cual se eliminarán las distintas capas de encalado y su posterior fijación

Dotar de las instalaciones mínimas necesarias que posibiliten el uso posterior como espacio expositivo y que favorezca así su conservación.

Recuperación del espacio circundante a los ábsides haciendo hincapié en el carácter microcósmico que posee este enclave, como también de la fachada urbana propiciando de esta manera una rehabilitación del espacio ciudadano.

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APROXIMACIÓN A LA MAGDALENA

“Los dioses no tuvieron más sustancia que la que tengo yo”. Yo tengo, como ellos, la sustancia
de todo lo vivido y de todo lo porvivir.
Juan Ramón Jiménez, de su poema Espacio

Querido amigo, este rincón de La Magdalena, como verás, es un lugar con bastante encanto.
Además, el arquitecto que ha dirigido la rehabilitación, lo ha librado de convertirse en un
museo costumbrista y ha insistido en la idoneidad de ofrecer el enclave a actividades más
contemporáneas; al arte del presente, a conciertos o pequeñas obras de teatro al aire libre, y
sólo por este logro merecería ya nuestra admiración.
Roberto Rubiolo, que vive entre Madrid, Plasencia y Lisboa, está muy involucrado con la
cultura. Digamos que es un arquitecto de conciencia y sensibilidad, por lo que afronta la
rehabilitación arquitectónica, (esa variedad que rescata con cautela desapariciones, y
acompaña con tiento las sombras preexistentes), como si de la cura de una herida se tratara.
Claro que, una herida invisible, de tiempo.
Esta iglesia de La Magdalena, en Plasencia, no pertenece al recorrido oficial de los principales
centros urbanos, capaces de atraer las atenciones de los suplementos de la prensa, pero
debería ser rescatada en una necesaria incursión hacía los pequeños, aunque importantes,
logros periféricos. Quién sabe qué sucederá si no se concede cierto aliento a las personas que
se dedican a preservar lugares más o menos marginales. Quizá la desidia, junto a actuaciones
feroces, los vayan convirtiendo en mausoleos del mal gusto, o en imitaciones y sucedáneos de
grandilocuencias constructivas.
Me cautivó la modestia en la respuesta del arquitecto cuando le pregunté por qué se había
decantado por ciertas soluciones en el edificio. Me dijo:”todo lo que aparece aquí son
elementos que se desmontan con facilidad en el caso de que el futuro quiera realizar otra
adaptación a los restos medievales conservados”. Vaya, pensé, no es nada común este
espontáneo desprendimiento de ego entre los que tienen entre manos materiales duraderos.
En cuanto a la rehabilitación realizada, me gusta el uso abundante de grandes ventanales, que
permite un diálogo permanente entre exterior e interior y un misterioso homenaje a lo
desaparecido, al vacío dejado por la demolición del tiempo. Las plataformas de cristal nos
ofrecen un juego interminable de reflejos en el que los muros de piedra se multiplican y se
desvanecen, creando una atmósfera de tiempo diluido.
Esta iglesia está arropada por los lienzos densos de la muralla, de modo que la elección del
cristal no resta protagonismo a ese sólido abrazo de piedra. La transparencia evita
redundancias, o excesos de clausura, que podrían resultar excesivamente carcelarios.Del
mismo modo, el cristal supone en ciertas arquitecturas una renuncia al protagonismo y al
propio ego, un tránsito abierto a la naturalidad.
Pero, tal vez, lo que más destaca en esta intervención es el uso de dos grandes planchas
verticales que cierran los ábsides de la iglesia conservados, de un hormigón solemne en el
exterior, y un espejo mate en el interior que duplica el espacio de las tumbas excavadas y los
restos de esgrafiados en los muros. En el centro de estos cerramientos de medio punto, a
modo de misteriosas hendiduras, dos brechas gigantes, dos vidrieras o ventanales
transparentes por los que entra una potente luz vertical y que permite, de nuevo, el tránsito
de exterior a interior, de interior a exterior, elevando nuestra perspectiva y escala hacia el
cielo.
El resultado de la intervención en La Magdalena es un lugar secreto dentro de la ciudad de
Plasencia, en el que se preserva el misterio del pasado y en el que existe una atmósfera
especialmente acogedora, que invita a la reflexión, a la meditación poética. Un lugar en el que
confluyen sensaciones temporales y emocionales, un espacio en el que la arquitectura
prescinde de ropajes superfluos para ceder el protagonismo a lo más esencial del ser humano,
su sustancia más honda.

María José Chinchilla López

 

 

Arquitectos: Roberto Rubiolo

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